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Edición 06 - Energías Alternativas


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El futuro es hoy en materia de energía alternativa
Años de dedicación y preparación rinden frutos

El mundo siempre ha sabido que los combustibles fósiles tienen un límite. Sin embargo, jamás se había puesto a pensar en ese día en el que, probablemente, nos quedemos sin petróleo, gas natural y todos los derivados que el “oro negro” nos provee día a día.

Desastres como lo sucedido en Deepwater Horizon, plataforma de perforación profunda de British Petroleum, nos recuerdan –de la misma manera— que el manejo del petróleo es minucioso y difícil; además, aunque los accidentes en perforación sean raros, el hecho de que suceda sólo uno tiene consecuencias devastadoras para la fauna y la flora del mundo.

Por tanto, el mundo se ha propuesto encontrar la manera de sustituir a largo plazo los combustibles usados ahora por métodos más limpios o más amigables con el medio ambiente, que no estén comprometidos con la economía o con el campo de trabajo en el que nos desempeñamos actualmente.

Es decir, energías que sean viables y redituables, pues aunque el mundo es de todos, no contamos con las formas de invertir como ciudadanos en proyectos de una envergadura mayor. Ahí es donde entran las energías alternativas que conocemos hoy en día.

Existen muchas formas de aprovechar la energía potencial que nuestro planeta nos ofrece. El sol nos envía más energía de la que necesitamos para darle electricidad al mundo durante un año y el viento, además de refrescar el ambiente, es una fuente inagotable y un recurso limpio.

Pero, ¿por qué llegamos a esto?

El mundo ha estado gastando indiscriminadamente los recursos naturales que la naturaleza nos ofrece desde la aparición en masividad de los motores a combustión, a principios del siglo pasado. Antes de eso, la mayor amenaza era la tala de árboles, pero su impacto en el medio ambiente era mucho menor. Ahora, nuestro máximo problema se llama calentamiento global.

Cuando conjuntas esas dos variables, la imposibilidad de renovar combustibles fósiles y su negativo impacto en el planeta –llámese efecto invernadero o derretimiento del hielo de los polos— te queda una fórmula ideal para el desastre mundial.